LA NOVELA
La novela es una «obra literaria narrativa de cierta extensión»
y como un «género literario narrativo que, con precedente en la Antigüedad
grecolatina, se desarrolla a partir de la Edad Moderna». La novela se distingue
por su carácter abierto y su capacidad para contener elementos diversos en un
relato complejo. Este carácter abierto ofrece al autor una gran libertad para
integrar personajes, introducir historias cruzadas o subordinadas unas a otras,
presentar hechos en un orden distinto a aquel en el que se produjeron o incluir
en el relato textos de distinta naturaleza: cartas, documentos administrativos,
leyendas, poemas, etc. Todo ello da a la novela mayor complejidad que la que
presentan los demás subgéneros narrativos.
La novela es el reino de la libertad de contenido y de
forma. Es un género proteico que presenta a lo largo de la historia múltiples
formas y puntos de vista.
Para clasificar este género ha de tenerse en cuenta que
existen diversos criterios, empleados por las distintas tipologías propuestas:
Por el tono que mantiene la obra, se habla de:
Novela satírica: es aquella
novela humorística
novela didáctica
Novela lírica
Por la forma:
autobiográfica
Novela corta
Novela de aprendizaje
Según el público al que llegue o el modo de distribución, se
habla de:
Novela trivial
Superventas o best seller
Novela por entregas o novela folletinesca
Atendiendo a su contenido, las novelas pueden ser:
De aventuras
Caballeresca
De ciencia ficción
Cortesana
Costumbrista o de costumbres: describe el ambiente en que se
mueven y las formas de vida cotidiana de un grupo social concreto: costumbres,
personajes típicos. Dentro de este tipo de novela, según el estilo, se dio
lugar al realismo y al naturalismo.
De espías y suspense
Fantástica
Ficción criminal
Histórica
Negra
Pastoril
Picaresca
Policial
Romántica
Sentimental
Social: disminuye en lo posible la descripción de vidas
individuales, sustituyéndolas por una colectividad, pues no importa el ser
humano en sí, sino como parte de un grupo o clase social. Su actitud es
crítica, con afán de denunciar situaciones, ambientes y modos de vida de un
grupo. Fue cultivada en España en los años 1950: novela social española
De terror
Novela del oeste o Westerns
Hay que añadir a esta lista otras tipologías que toman como
criterio el estilo de la obra y entonces se habla de:
Realista
Novela naturalista
Existencial
si se consideran sus argumentos, puede hablarse de
Psicológica
Novela de tesis: Es la que da más importancia a las
intenciones del autor, generalmente ideológicas, que a la narración. Muy
cultivada en el siglo XIX, especialmente por Fernán Caballero y el Padre Coloma
Novela testimonio
Desde finales del periodo victoriano hasta la actualidad,
algunas de estas variedades se han convertido en auténticos subgéneros (ciencia
ficción, novela rosa) muy populares, aunque a menudo ignorados por los críticos
y los académicos; en tiempos recientes, las mejores novelas de ciertos
subgéneros han empezado a ser reconocidas como literatura seria.
ELEMENTOS INTEGRANTES DE LA NOVELA:
I. CONTENIDO:
A. Título: su sentido y función.
B. Asunto (resumen de la obra)
C. Tema (idea dominante)
D. Elementos de la novela:
1. Personajes:
a. Clasificación, caracteres, tipos, símbolos
2.
Ambiente:
a.
Escenario y época (el dónde y el cuándo de los hechos)
b. Índole real o ficticia, rural o urbana,
actual o del pasado
3.
Acción: Son los hechos acontecimientos dados en un espacio y tiempo.
.
II. FORMA:
A. Estructura o composición:
1. Exposición o iniciación donde presenta el
asunto y los personajes con espacio y tiempo.
2. Nudo es el conflicto
3. Punto culminante o el clímax
4. Resolución como termina feliz, triste, inesperado.
Estilo:
1. El lenguaje y sus particularidades: la lengua
la forma como el autor la presenta
ACTIVIDAD
1. lea y haga un pequeño análisis de esta obra.
EL TÚNEL
En los días que precedieron a la llegada de su carta, mi pensamiento era como un explorador perdido en un paisaje neblinoso: acá y allá, con gran esfuerzo, lograba vislumbrar vagas siluetas de hombres y cosas, indecisos perfiles de peligros y abismos. La llegada de la carta fue como la salida del sol.
Pero este sol era un sol negro, un sol nocturno. No sé si se puede decir esto, pero aunque no soy escritor y aunque no estoy seguro de mi precisión, no retiraría la palabra nocturno; esta palabra era, quizá, la más apropiada para María, entre todas las que forman nuestro imperfecto lenguaje.
Esta es la carta que me envió:
He pasado tres días extraños: el mar, la playa, los caminos me fueron trayendo recuerdos de otros tiempos. No sólo imágenes: también voces, gritos y largos silencios de otros días. Es curioso, pero vivir consiste en construir futuros recuerdos; ahora mismo, aquí frente al mar, sé que estoy preparando recuerdos minuciosos, que alguna vez me traerán la melancolía y la desesperanza.
El mar está ahí, permanente y rabioso. Mi llanto de entonces, inútil; también inútiles mis esperas en la playa solitaria, mirando tenazmente al mar. ¿Has adivinado y pintado este recuerdo mío o has pintado el recuerdo de muchos seres como vos y yo?
Pero ahora tu figura se interpone: estás entre el mar y yo. Mis ojos encuentran tus ojos. Estás quieto y un poco desconsolado, me miras como pidiendo ayuda.
MARÍA
¡Cuánto la comprendía y qué maravillosos sentimientos crecieron en mí con esta carta! Hasta el hecho de tutearme de pronto me dio una certeza de que María era mía. Y solamente mía: “estás entre el mar y yo”; allí no existía otro, estábamos solos nosotros dos, como lo intuí desde el momento en que ella miró la escena de la ventana. En verdad ¿cómo podía no tutearme si nos conocíamos desde siempre, desde mil años atrás? Si cuando ella se detuvo frente a mi cuadro y miró aquella pequeña escena sin oír ni ver la multitud que nos rodeaba, ya era como si nos hubiésemos tuteado y en seguida supe cómo era y quién era, cómo yo la necesitaba y cómo, también, yo le era necesario.
¡Ah, y sin embargo te maté! ¡Y he sido yo quien te ha matado, yo, que veía como a través de un muro de vidrio, sin poder tocarlo, tu rostro mudo y ansioso! ¡Yo, tan estúpido, tan ciego, tan egoísta, tan cruel!
Basta de efusiones. Dije que relataría esta historia en forma escueta y así lo haré…
Pero este sol era un sol negro, un sol nocturno. No sé si se puede decir esto, pero aunque no soy escritor y aunque no estoy seguro de mi precisión, no retiraría la palabra nocturno; esta palabra era, quizá, la más apropiada para María, entre todas las que forman nuestro imperfecto lenguaje.
Esta es la carta que me envió:
He pasado tres días extraños: el mar, la playa, los caminos me fueron trayendo recuerdos de otros tiempos. No sólo imágenes: también voces, gritos y largos silencios de otros días. Es curioso, pero vivir consiste en construir futuros recuerdos; ahora mismo, aquí frente al mar, sé que estoy preparando recuerdos minuciosos, que alguna vez me traerán la melancolía y la desesperanza.
El mar está ahí, permanente y rabioso. Mi llanto de entonces, inútil; también inútiles mis esperas en la playa solitaria, mirando tenazmente al mar. ¿Has adivinado y pintado este recuerdo mío o has pintado el recuerdo de muchos seres como vos y yo?
Pero ahora tu figura se interpone: estás entre el mar y yo. Mis ojos encuentran tus ojos. Estás quieto y un poco desconsolado, me miras como pidiendo ayuda.
MARÍA
¡Cuánto la comprendía y qué maravillosos sentimientos crecieron en mí con esta carta! Hasta el hecho de tutearme de pronto me dio una certeza de que María era mía. Y solamente mía: “estás entre el mar y yo”; allí no existía otro, estábamos solos nosotros dos, como lo intuí desde el momento en que ella miró la escena de la ventana. En verdad ¿cómo podía no tutearme si nos conocíamos desde siempre, desde mil años atrás? Si cuando ella se detuvo frente a mi cuadro y miró aquella pequeña escena sin oír ni ver la multitud que nos rodeaba, ya era como si nos hubiésemos tuteado y en seguida supe cómo era y quién era, cómo yo la necesitaba y cómo, también, yo le era necesario.
¡Ah, y sin embargo te maté! ¡Y he sido yo quien te ha matado, yo, que veía como a través de un muro de vidrio, sin poder tocarlo, tu rostro mudo y ansioso! ¡Yo, tan estúpido, tan ciego, tan egoísta, tan cruel!
Basta de efusiones. Dije que relataría esta historia en forma escueta y así lo haré…
ERNESTO SÁBATO